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Mallorca 360º Run – ETAPA 3

21 de febrero de 2021

“Vamos, que larga ruta nos espera.» Así me dijo, y así me hizo entrar al primer cerco que el abismo ciñe.”

Dante Alighieri, 1814. La divina Comedia.

No vamos a engañar a nadie, la etapa sobre el papel era más sencilla de lo que finalmente resultó. Quizá nos dejamos embaucar por el misticismo de esas playas y calas “tan lejanas” a nuestra residencia o porque el mar (siempre a nuestra derecha) tiene ese poder sosegador que todo lo arregla. Pero lo cierto es que los 1500 metros de desnivel estuvieron desde el principio sobre la mesa.

A las 07:00 después de la foto de rigor salíamos el grupo de cinco (Cristobal, Pedro, Pablo, David y Santi) de las inmediaciones de Covas de Drac, justo donde lo habíamos dejado en la anterior etapa. Recorrimos las desérticas calles de Porto Cristo y a los dos kilómetros nos metimos en el primer camino de tierra. Durante un par de kilómetros seguiríamos por estos caminos bien marcados que nos iban a acercando a las diferentes calas de la zona. El ritmo era cómodo, donde la conversación fluía sin esfuerzo y las risas se escapaban entre zancadas y tropezones sin importancia.

Sobre el km. 5 llegábamos a S’Illot e íbamos progresando por el paseo marítimo que ininterrumpidamente recorre esta parte de la isla hasta S’Amer. El día amaneció lo que se dice feo: muy nublado, con viento y mucha humedad, por lo que unido al momento histórico que estamos viviendo, da una idea de lo solitarios que estaban los paseos marítimos, y sus playas. La estampa del hormigón vertical en primera línea, carente de vida, el silencio a nuestro alrededor y el crujir de las olas al romperse violentamente contra arena nos fascinaba. Para correr, quitando la humedad, el clima y el clímax nos parecía fantástico.

Cruzamos los caminos de tierra y arena de S’Amer para llegar al larguísimo paseo de Cala Millor que fuimos recorriendo sin que notáramos como pasaban los kilómetros. El paseo continúa una vez acaba Cala Millor, y sigue por varias urbanizaciones hasta que los acantilados impiden seguir avanzando por Costa del Pins, y recorremos las calles asfaltadas hasta llegar al mirador del Cap d’en Pinar (km,19). Primera pequeña parada que aprovechamos para hacer un par de fotos. Tampoco podemos retenernos mucho, pues nos entra el frío de un viento que nunca nos abandona.

Primer tramo de trail/trekking de la etapa. Cruzar el cabo, por caminos difusos, y por momentos exiguos hasta llegar a las urbanizaciones de detrás, siempre a ras de acantilados mirando al mar. Hubo momentos para jugar a bolos, patinaje artístico o acrobacia sobre ramas, y los chicos, diestros ya con la experiencia adquirida en etapas previas, ni siquiera mostraban estupor  o miedo alguno. ¡Así de amueblada parece su cabeza, vaya!

En el km. 23 llegábamos a Canyamel y tras unos cuantos ejercicios de técnica de carrera sobre unas interminables escaleras, tocaba hacer la ascensión a la atalaya de Cap Vermell. El camino de ascenso a la torre era bastante transitable. En ocasiones incluso, si las patas o energías lo permitían, corredero. ¿Saben de aquel que traza una ruta de 60 km y aún así se da el capricho de subir a la torre cuando el track no llegaba hasta allí arriba solo por el mero hecho de ver las vistas? ¡Pues con esas tenemos que lidiar, amigos lectores! Y algunos aguantarlo.

Arriba estábamos, pasando frío, las vistas muy bonitas, entre tanta bruma , viento y… no, que la cosa estaba para hacer alguna foto, bajar el trozo de más, y seguir camino. Pero la senda no aparecía. Sacamos el mapa, lo estudiamos (algunos más que otros… ejem) y tras cuatro vistazos, apareció donde tenía que estar. Otra cosa es que llamemos camino o senda a lo que poco a poco, más adelante nos encontraríamos. Porque poner una fita de piedras cada cien metros sobre una roca no es para nosotros, un camino. Pero vamos, que respetamos todas las opciones, ¡hasta pintar de azul algo que te lleva directamente a un acantilado! Si aquí hemos venido a jugar y llevarnos el bote.

Pues que nos perdimos un ratito enorme. Ese era el resumen. Perdidos pero siempre caminando entre piedras, eso sí. Porque la dirección la teníamos clara. Algo más abajo, el camino empieza a verse mejor. O más que verse mejor es, que realmente hay, ya por fin, camino. Y es una hermosa senda  rápida para correr que baja dirección Cala Provençal. De ahí hasta Cala Ratjada, no dejaríamos la primera línea de mar por el paseo. Y una vez en Cala Ratjada (km, 33) buscamos un lugar donde avituallarnos y descansar un poco las piernas. Nos es fácil, tal y como están las medidas sanitarias hoy en día, encontrar un lugar donde reponer viandas.

Y sin que quieras darte cuenta, el menos pintado se casca un helado.

Ponemos rumbo a Cala Agulla por unos caminos que ya quisiéramos encontrarnos más a menudo. Llanos y generosos, que circulaban por un pinar próximo a la carretera que lleva a la playa. Ya no volveríamos a pisar asfalto en lo que quedaba de etapa.

Cuando corres una carrera popular, un 5k por ejemplo, te puede pasar de todo: puede entrarte flato, desabrocharse las zapatillas, tirones, torceduras, caídas. Cuando bajas a la calle, casi también. Imaginaros cuando castigas al cuerpo (porque por mucho que disfrutemos somos todos consecuentes con que estamos maltratando al físico) durante tanto tiempo la de probabilidades de que algo no deseable pueda ocurrir. En pruebas de larga distancia, la cabeza, o sabe sufrir, o a la mínima te vas a casa. Y si no somos conscientes de ello, pecados de soberbios. Pero si algo ha caracterizado a este grupo es la unidad y que cabeza (aunque mal amueblada) la tenemos todos entrenada para posibles eventualidades. Faltaban más de 15km, una impresionante subida y una bajada de la que ya hablaremos en detalle, cuando el estómago de Pablo se encabritó de mala manera. Si durante una prueba de estas envergaduras no te alimentas, el cuerpo se consume a una velocidad de vértigo, y salir de la encrucijada donde nada entra por la boca, y al mismo tiempo necesitas aporte calórico para seguir moviéndote, es una vorágine de la que salir indemne es muy complicado.

En esa tesitura estábamos, siempre por un buen camino, pero de constante subida, camino a Cala Mesquida (Km. 39).  A partir de este momento, mientras íbamos bordeando toda la costa, correr, lo que se dice correr, poco íbamos a hacerlo. El terreno, abrupto, rocoso como poco, es ideal para echarte una mochila al hombro y recorrerlo con tranquilidad y placer, mientras vas viendo playas y calas de colores increíbles, arenas blancas, y si el día es despejado, observar la isla de Menorca al fondo. Por la vereda que seguíamos hasta S’Arenalet d’Aubarca (km. 46) poco pudimos correr por lo impracticable del terreno.

Dejamos el refugio de S’Arenalet y emprendemos la subida de casi 400 metros de desnivel en menos de tres kilómetros y medio. El viento ahora era arrollador, tanto que algunos sufrían por si algún miembro del equipo, liviano como las plumas, salía volando en el vendaval intenso. Siempre con un buen camino marcado, llegamos a la pista que va a las antenas de Sa Tudossa, o a la puerta del Infierno

Evidentemente elegimos el Infierno.

El infierno según Dante era un cono invertido, pero Dante, en el fondo no tenía ni pajolera idea. El infierno es la bajada en picado de 400 metros que teníamos frente a nosotros para llegar camino a Betlem (y no es un villancico). Habrá pues, que poner en antecedentes. Cuando se diseña la etapa, buscamos siempre tracks anteriores por donde vamos a pasar que se amolden a nuestra exigencia (alejarnos lo menos posible de la costa). Había un punto donde por mucho que diéramos vueltas no terminábamos de ver claro, aunque dos aplicaciones diferentes nos marcaban camino. Transcribo aquí la conversación previa, para que quede constancia de la inocencia del pobre diseñador de rutas.

– Hay un camino arriba, hay un camino abajo… la distancia más corta entre dos puntos creo que va a ser bajar a lo bruto – expuso Santi en su momento-. Según esto, hay bajada, pero yo no logro verla de ninguna manera.

– No te bastan 60km que ahora pretendes que nos tiremos por un precicipio – dijo el del Maxibon.

– Si hay que tirarse, pues nos tiramos – dijo el peso pluma. (Por cierto… jajajaja.)

– Nos hacemos bola -dijo el que sobreviviría la etapa con un gel.

Volvemos al momento cumbre. Allí arriba estábamos, con el viento ululando sin parar. Buscando con la vista un camino que no existía. El abuelo, que había hecho una ascensión brutal tirando del grupo, estaba nervioso por emprender el descenso.

– ¡Cristóbal espera! A ver si vislumbramos algo.

Pero no había nada que vislumbrar, más bien la bajada a los infiernos pasando por los siete anillos de Dante:

“Que no te detenga el miedo, que por mucho que pudiese no impedirá que bajes esta roca.”

 Y allí que nos fuimos. Una hora y media tardamos en juntarnos todos en el camino de abajo. En medias, pues momentos propios de una selva. Una vez pasada la zona más escarpada (donde había que ir con los ojos bien abiertos), nos encontramos en lugares donde pisabas sin ver lo que había debajo porque la maleza lo tapaba todo, para acabar hundido como si de nieve se tratara. Y conforme conseguíamos descender y el camino se hacía menos escarpado, la maleza aumentaba, a tal mesura, que acabamos con tramos donde sólo sobresalía la cabeza y nada de lo que cubría nuestro cuerpo era agradable.

Si nos encierras en una jaula con una manada de gatos salvajes, no quedamos tan mal como salimos al camino que nos esperaba bajo. Nos quedaban 9km, sin agua, pero una vez pasada tal guisa, este camino que bordea la costa era una autopista acolchada.  O como dijo Dante:

La senda que lleva al Paraíso comienza en el Infierno.

Cruzamos Betlen y solo nos quedaban 4km de disfrute. De saber que todo el dolor, los infortunios y las sorpresas merecieron la pena, que no hay nada más grande que superarse uno mismo, luchar contra tu cabeza y atormentarla paso a paso. Que nos conocemos tanto que no hace falta hablar para saber cómo nos encontramos. Y acabamos de nuevo con Dante y su Divina Comedia para expresar el momento, después de ocho horas, en que paramos el reloj:

En el momento cumbre, falla la habilidad que me da la capacidad de describir.

Nada más que añadir.


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Mallorca 360º Run – ETAPA 2

03 de enero de 2021

Si algo nos enseña la vida es que no nos damos cuenta de lo bien que estamos hasta que no lo estamos. Pasamos paso a un año que quedará en nuestra memoria aeternum, para bien y para mal. En el deporte, como en la vida, podemos aplicar el mismo sintagma: hasta que no te lesionas, no sabes lo feliz que eres.

Retrasamos un par de semanas esta etapa con la esperanza de que varios de los integrantes del grupo pudieran recuperarse de sus diferentes lesiones, pero a veces, más vale ser precavido, que jugar con la correcta recuperación que requiere el cuerpo. Finalmente, solo tres integrantes (Pablo, Pedro y Santi) pudieron tomar la salida donde el 22 de noviembre lo habíamos dejado: Colonia de Sant Jordi.

Era una etapa complicada de diseñar, muy larga (60 kilómetros), que circulaba la mitad de ellos entre calas donde los caminos no son asequibles para correr, y zonas de acceso restringido o directamente prohibido que había que evitar. Alejarse de las carreteras principales era también algo a tener en cuenta. Las previsiones meteorológicas no eran muy halagüeñas y llevábamos ya unos días con temperaturas bastante frías para lo que es Mallorca. Pero la suerte estaba echada cuando a las siete de la mañana salíamos desde Colonia dirección Porto Cristo.

Los primeros cinco kilómetros nos llevaban por la carretera hasta Ses Salines. La noche era muy cerrada todavía y la temperatura no subía de 3º C. El frontal iluminaba un asfalto mojado mientras intentábamos entrar en calor. La voz nos salía entrecortada, mientras iban cayendo los primeros kilómetros. Antes de llegar a Ses Salines, salimos de la carretera y cogemos el primer camino de tierra, donde hacemos la primera parada para contemplar los primeros síntomas de luz rasgando la noche. De momento no existen nubes en el cielo. De Ses Salines y sin darnos cuenta llegamos a Es Llombardss y tras casi quince kilómetros y una hora y veinte nos plantamos  en Santany. Lo fácil ya lo habíamos hecho, y también la parte menos romántica de la etapa. 

Nos encaminábamos hacia el Parque Natural de Mondragó. Era terreno fácil, y el ritmo seguía siendo constante desde la salida. La conversación nos mantenía ajenos a los kilómetros que iban pasando de manera autómata. Cuando llegamos a la playa de S’Amarador el paisaje nos cautivó al instante. Aún la bruma estaba pegada al mar, y la ausencia de lo artificial y lo humano, nos impresionó. Tras veinte kilómetros llegábamos por primera vez al mar, y desde entonces, pocos serían los minutos donde no lo tuviéramos a nuestro lado.

Íbamos pasando por las diferentes calas contiguas a S’Amarador por caminos que muchas veces se difuminaban a nuestro paso, pero donde aún podíamos mantener más o menos un trote digno. Al poco llegamos a las primeras edificaciones de Porto Petro y sus diferentes urbanizaciones. Recorrimos el puerto y paseo marítimo para acto seguido atravesar todas las urbanizaciones hoteleras de Cala D’Or. Si la ausencia de vida humana nos había impresionado en S’Amarador, aún nos quedaba experimentar una sensación extraña al contemplar toda esta jauría de asfalto y bloques de hormigón decrépitos, abandonados en sus meses fríos y olvidados más aún en un año donde las estancias hoteleras han sido minúsculas. Recorrer este laberinto de calles y aceras adoquinadas fue quizá, la parte más aburrida de la etapa, pero no dejaba de tener su tono crepuscular.

Y sin esperarlo, salido de la nada, Cala Sa Nau apareció a nuestra derecha. Majestuosa, enclavada entre pequeños acantilados que íbamos bordeando por caminos serpenteantes. Aguas turquesas que atrapaban unos tibios rayos de luz, arenas húmedas y blancas donde el mar cansado, acababa su recorrido. Cuando la dejamos atrás y la vemos desde lo alto, la silueta nos cautivó. El camino era bueno, el trote seguía vivo, y parecía mentira pero ya nos acercábamos al ecuador de la etapa y prácticamente solo habíamos pestañeado. Durante unos kilómetros, hasta Portocolom, el camino que iba bordeando al mar fue tal vez, la parte más cómoda y agradable. 

Tras 35 kilómetros llegamos al puerto de Portocolom. Llevábamos casi cuatro horas pero lo cierto es que físicamente estábamos aún bastante bien. Con los escasos rayos de sol, descansamos unos diez minutos en el puerto mientras nos tomábamos las vituallas con las que subsistir el resto de la etapa. Y tuvimos que volver a levantarse, y claro, entonces sí, aparecieron los 35 kilómetros que arrastraban las piernas, jajaja. 

Hasta Cala Murada el camino era transitable, siempre con atención de no tropezar con rocas y raíces, y en Cala Domingos llegamos a la mítica distancia de Filípides. Hay, junto al acantilado, un bonito paseo que va bordeando al mar y que más o menos nos lleva directo a Cala Antena. Y hasta aquí fue todo muy bonito, pero la aventura comenzaba en ese momento. Llevábamos 44 km. (4 horas y media) y estábamos todavía con energía para seguir bromeando y no dejar de hacer fotos. 

A partir de aquí, correr ya no era muy viable. Dejamos Cala Antena y lo que parecía que iba a ser un  buen camino resultó ser un camino de piedras horroroso para las plantas de los pies y tobillos. Más que correr, trotábamos despacio, y cuando alzábamos el vuelo, en seguida un pequeño susto, un traspiés,  nos conminaba a bajar el ritmo.  

Habían dos zonas complicadas tras el diseño de la ruta, la primera era al poco de salir de Mondragón, cuyo camino no quedaba muy identificable. La segunda era como bajar y subir por cala Bota y seguir bordeando el mar. Tras sacar los instrumentos de navegación y sopesar las variantes, divisamos el camino que empezaba a bajar a la cala y que acababa, de manera grácil, con una cuerda y una destrepada sobre roca mojada. Una vez bajo en la playa, y de una pieza, nos alejábamos un poco de la costa, para por buenos caminos, ir sorteando vallas y calas que nos conducirían hasta la bonita Cala Magraner, tras un pequeño zig-zag por los acantilados. Y de nuevo por caminos algo separados de la costa, recorreríamos la distancia que nos separaba hasta Cala Sequer: una pequeña y escondida cala de rocas que daría el pistoletazo de salida a la última parte del camino: el infierno.

Kilómetro 50 salíamos de Cala Sequer y durante 6km se acabó el correr. El camino como tal (tierra hollada o vía por donde se transita habitualmente) no existía. El tiempo se escapaba mientras los kilómetros no pasaban. Había, eso sí, una pequeña senda de cabras que iba bordeando los pedregosos  acantilados que no llevarían a la magnífica Cala Varques, la cual atravesaríamos para continuar nuestro tránsito por esta senda rocosa al borde de los acantilados hasta Cala Romántica.  La bajada a esta cala también tuvo su aventura, su pérdida de tiempo y algún que otro resbalón, pero ya estábamos en los momentos finales. Nos quedaba atravesar la urbanización por unas escaleras larguísimas y empinadas que nos fulminaron las piernas, y nos llevaban a la otra parte de la urbanización en Cala Anguila.

Las covas del Drac, nuestra meta, estaban a no más de dos kilómetros. Volvimos a coger el ritmo de marcha y con una sonrisa en la cara y todavía sin terminar de creérnoslo, llegamos al parking de las cuevas donde nuestro coche nos estaba esperando tras siete horas y 60 km. Nos miramos con una sonrisa pintada en los ojos, nos podíamos comer el mundo, pero fue un pequeño silencio el que nos comió él a nosotros. A veces, la felicidad, está en gestos tan pequeños como mirarse directamente a los ojos. 

Se dice que la unidad hace la fuerza. Podemos dar fe que juntos siempre seremos más fuertes. Cada uno en su papel, cada uno cumpliendo con su cometido: Pablo manteniendo el ritmo para llegar enteros a meta, poniendo la cordura (si es que nos queda algo), contando batallitas de cuando era joven; Santi guiando y perdiendo al grupo, atando zapatillas que otros dedos ateridos por el clima no podían; y Pedro, controlando los kilómetros, los datos del camino, pero sobre todo vigilando las nubes, soplando con fuerza para ahuyentar su sombra. Para nosotros tres, todos los que emprendimos este reto en el Club Náutico de S’Arenal estaban a nuestro lado, dando fuerza y compartiendo complicidades. Y tarde o temprano volveremos a estar todos juntos llevando el mensaje de la asociación que nos acoge por todos los lados de la isla, porque sin nacer como reto solidario, nos llena de orgullo si podemos seguir contribuyendo con una asociación que tanto ha hecho y sigue haciendo por la lucha de una lacra como es el cáncer.

Soñar es sencillo. Vivir soñando se hace en varias etapas alrededor de la isla.

 


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Mallorca 360º Run – ETAPA 1

Club Nautic Arenal-Colonia de Sant Jordi. 22 NOVIEMBRE 2020

La aventura se inicia en la playa Caló de Sant Antoni,  a las 06:30 de una fría mañana. Somos seis integrantes del club (David, Cristóbal, Manolo, Pedro, Pablo y Santi), dispuestos a comernos Mallorca, paso a paso y con muchos nervios. Las dudas vienen implícitas en este tipo de pruebas. Días antes ya estábamos en una vorágine de nervios y preguntas cuyas respuestas eran inciertas: qué ropa me llevo, qué estrategia nutricional sigo, cuál será el mejor calzado, necesitaré tal cosa o echaré a faltar esa otra,… 

Volvemos a la oscura mañana del domingo, cuando empezamos a recorrer Son Veri por su paseo al lado del mar que durante todo el día quedará a nuestra derecha, hasta que en Cala Blava cruzamos la carretera para empezar a correr por caminos que nos llevarán a los acantilados de Es Cap Enderrocat. A los pies de los acantilados, apagamos las linternas y nos desabrigamos. El ritmo es constante, los primeros kilómetros pasan sin darnos cuenta mientras hablamos de lo humano e inhumano de la vida. A la altura de la urbanización Malloris, cuando comienzan las edificaciones a pie de acantilado y nos cortan el paso, tenemos que buscar un terreno donde poder bajar los acantaleados con cuidado. El terreno es arena y piedra suelta provocada por al erosión del mar y el viento, por lo que extremamos las precauciones. La vista desde arriba era espectacular, con los primeros rayos diurnos alumbrando al mar, pero desde abajo, el paisaje es igual de asombroso, vamos corriendo por el camino que deja el Delta a un  lado y van apareciendo calas de aguas trasparentes. Este terreno cambia cada año por culpa de la erosión y el camino que antes llegaba hasta Badia Blava está prácticamente desaparecido, así que a la altura del mirador de Sa Torre debemos subir el  acantilado trepando por el barranco que hay a su altura. Llegan las primeras heridas superficiales de guerra a modo de arañazos en las piernas.

Cruzamos Sa Torre y en Badia Blava nos acercamos a la carretera por un camino de tierra roja contiguo, bastante cómodo para alargar la zancada. Y no tardaríamos mucho en continuar por la carretera que va a Cap Blanc. Si hay algo que puede incomodar de Mallorca es la privacidad de todo el suelo, que provoca el cierre de paso de multitud de caminos. Este hecho nos obligó a coger la carretera más kilómetros de los deseados, pero en el momento en que pudimos salir de ella para acercarnos a los acantilados volvimos a transitar por senderos. Hace unos años vallaron la zona y los caminos se fueron perdiendo. Ante la imposibilidad de mantener el ritmo sin pararnos cada poco en busca de señales de camino, decidimos volver a la carretera no sin antes buscar una salida en el perímetro entre vallas en los que habíamos acabado. Un agujero enorme en un trozo nos permitió salir y volver al asfalto durante un rato. Poco antes del giro de carretera que deja el faro a su derecha, nos desviamos por el sendero que lleva a él. 

La vista desde el faro era imponente. Se dibuja toda la costa y Cala Pi aparece al fondo. A partir de este punto, el camino nos llevaría bordeando los acantilados sin perdida hasta Cala Pi. Fueron kilómetros rápidos y sin paradas hasta Cala Beltrán donde descansamos un breve momento para hacerse un par de fotos. Llevábamos ya la mitad del recorrido y aún no aparecían síntomas de cansancio. Poco después llegamos a la impresionante Cala Pi, con sus aguas esmeraldas, límpidas y tranquilas. Bajamos por el embarcadero y disfrutamos de la soledad de esta turística cala sólo para nosotros. Nos avituallamos en un supermercado de la urbanización, y tras un breve descanso emprendimos la marcha. Los kilómetros recorriendo la urbanización es verdad que se hicieron algo pesados, pero ya estábamos en la treintena de kilómetros y quien más quien menos del grupo, ya se ha visto en alguna ocasión con el muro de los treinta. 

Una vez dejamos toda la zona urbanizable, ya en primera linea de costa, transitamos por caminos bien marcados y fáciles. Las patas fuera del asfalto funcionan mejor, y las risas siguen circulando por el grupo excepto cuando alguno besa el suelo. Porque heridas de guerras nos llevamos más o menos todos de recuerdo. Llegamos hasta el faro de Estalella donde ya podemos ver, allí a lo lejos, muy lejos (quizá demasiado) nuestra meta.

Una vez llegamos a Son Estanyol, nos tocaba pisar asfalto por primera linea de mar y cruzar Sa Ràpita. Ya no se oían tantas risas, para que engañaros, pero estábamos en la recta final, los edificios de Colonia se iban acercando poco a poco, zancada a zancada. Esos últimos cinco kilómetros ya se hacen con los ojos cerrados, a pesar de que correr sobre arena no es lo mejor para un cuerpo ya castigado. Miras a tu alrededor y no hay duda, es un privilegio poder correr toda la playa desde Sa Ràpita, pasando por Ses Covetes y Es Trenc hasta llegar a Colonia casi sin gente, con un día sin nubes, de sol tibio de noviembre y aguas turquesas.  

Casi cinco horas y media después llegábamos a destino. Exultantes y cansados. Con ganas de abrazarnos, aunque tuviéramos que contentarnos con un escueto choque de puños. Pero todos estos abrazos que la pandemia nos está robando, los multiplicaremos en un futuro. El valor está en hacer en cada momento lo indicado. El valor de este Club y estos seis miembros está en creer que juntos, SÍ SE PUEDE.

Como siempre queremos agradecer a nuestros patrocinadores y colaboradores que nos han ayudado siempre en la formación y desarrollo del club:


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Mallorca 360º Run

Queda prácticamente un par de meses para que acabe este annus horribilis 2020, en el que hemos tenido la oportunidad para aprender, madurar y fortalecer nuestro carácter. Es un año que no debemos olvidar, un año que nos hará más sabios y en el que habremos puesto el justo valor a lo realmente importante.

Deportivamente el año ha sido igual de nefasto, pero nuestro club, ha sabido reinventarse, sacar tajada de la situación y buscar las vías para dar visibilidad a la Asociación de la que hemos salido. Bastan dos claros ejemplos: el reto Yes With Cancer 360 que Manolo MB realizó el primer fin de semana de octubre, y la venta de mascarillas con las que hemos (y seguimos) aportado nuestro granito de arena para toda esta gente que lo está pasando peor por la pandemia.

Quizá 2021 no aspire a ser mucho mejor. Al menos, la primera parte. Pero el club no quiere quedarse con los brazos cruzados. Ni tampoco los deportistas que lo forman (que son nerviosos y altamente inflamables). Queremos seguir visibilizando el lema de nuestra Asociación. Y lo vamos a hacer por los 360º de nuestra isla.

Queremos presentaros nuestro siguiente proyecto:

Mallorca 360º Run

Un pequeño grupo de nuestros integrantes realizaran en 7 etapas de aproximadamente 50km, la vuelta a la isla de Mallorca. Será en modo autosuficiencia, buscando siempre el camino más cercano a la costa que podamos. Una etapa cada 4 semanas más o menos, siempre y cuando la situación sanitaria y meteorológica lo permita. Hay respeto, pero nunca miedo, porque no se requiere nada más que unas zapatillas y la compañía de los miembros de este club para realizar tal hazaña.

Las fechas y horarios se irán publicando conforme se aproxime la cita de cada etapa, y siempre y cuando las circunstancias sean las propicias para ello. Deseamos mucha suerte a los integrantes que van a realizar este proyecto.

El reto solidario YWC360 sigue recibiendo fondos para todas aquellas personas oncológicas al que el COVID-19 ha puesto una zancadilla más. No queremos perder la oportunidad para desde el club, seguir impulsado y dando vida a esta iniciativa. Por ello, os quiero recordar el número de cuenta de la Asociación donde podréis aportar vuestro pequeña y valiosa ayuda:

ES6000495250312916361640

ETAPAS:

1º Club Nàutic Sa Arenal (Palma) – Colonia de Sant Jordi (46km, +450m)

2º Colonia de Sant Jordi – Porto Cristo (62km, +440m)

3º Porto Cristo – Colonia de Sant Pere (56km, +850m)

4º Colonia de Sant Pere – Lluc (54km, +910m)

5º Lluc – Banyalbufar (55km, +2700m)

6º Banyalbufar – Peguera (50 km +2,100m)

7º Peguera – Club Náutic S’Arenal (Palma) (53km, +550m)

El día 22 de noviembre a las 06:00 a.m. (hora condicionada al posible toque de queda existente en el momento) arrancá esta aventura desde el Club Nàutic S’Arenal. A partir de entonces, solo queda por delante tierra, playas, montaña y mucha felicidad.

Como siempre queremos agradecer a nuestros patrocinadores y colaboradores que nos han ayudado siempre en la formación y desarrollo del club:


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Entreno en equipo: Simulacro de TRI

Nuestro míster Javi Aceitón nos ha preparado un entreno de esos que son difíciles de olvidar.

En estos momentos complicados, en donde hemos tenido que adaptar nuestros entrenos a un confinamiento que parecía no tener fin, ahora que podemos empezar a volver a una «nueva» realidad, un soplo de aire fresco nos vino genial! No sólo nos ayudó a reencontrarnos con el deporte que tanto nos gusta, sino a reunirnos y a seguir manteniendo vivos los valores de nuestro club

GRACIAS JAVI!

Aquí os dejamos algunas fotos y videos que intentan reflejar las emociones vividas esta mañana.


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