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XIII TRANSILICITANA 24/02/2024

Crónica de compañeros de cordada.

Por Santi y David

La Transilicitana es esa carrera de algo más de 100 insignificantes kilometrillos que a las 6 horas de abrir inscripciones agota sus 1.500 dorsales. Sin saber muy bien el motivo y cediendo, por no quedarme ninguna otra opción, a la invitación de mi amigo Santi de comer un arroz con bogavante post-carrera conseguimos una participación.

Uno siempre puede creer estar bien preparado para una ultra, pero lo cierto es que pueden pasar mil cosas en una carrera de ultrafondo, y siempre existen las dudas y nervios los días y momentos previos a la cita. Si hay algo que minimiza la presión, es hacerla acompañado con alguien de confianza. Haciendo un símil montañero, David es mi compañero de cordada en estas locuras de ultrafondo, y como tal, la vida de ambos van ligadas. Luego en las carreras pueden pasar mil cosas, pero tener a tu compañero de cordada en el otro extremo de la cuerda te da seguridad para emprender la vía.  

El día previo al evento llegamos a Elche y por los pelos a casa de la familia Sempere Pascual. Tras asentarnos y probar la tan famosa coca de Elche recogimos el dorsal, no sin antes tener que dar la vuelta 3 veces con motivo de despistes ajenos a mi persona.

Entre berberechos de los buenos y cafés de los malos transcurrió la tarde pateando Elche fuese a ser que al día siguiente no cumpliéramos el objetivo semanal de pasos realizados y nos catalogaran de vagos.

El día de la carrera amanecía fresco, el viento no parecía ser tan fuerte como predecían y los nervios no eran excesivos, imagino que cosa de la experiencia puesto que por parte de un servidor los deberes no estaban hechos del todo.

Nuestro objetivo era hacer los 100km (102k reales) en menos de 13 horas . Algo más ambicioso era bajar de las 12. Pero teníamos los pies en la tierra, David había perdido una semana de entrenos importante por una lesión y como decía, “estaba en horas bajas”, aunque sus horas bajas son altísimas para la mayoría de los mortales (lo contrario que su altura). Para ir controlando el ritmo nos propusimos un baremo de hacer 10km cada 1h 15’.

Gines, nos acompaña a Santi y a mí a la salida para quedarse con nuestra ropa de abrigo y desearnos suerte, al tiempo que inmortaliza con su móvil el momento.

Intentamos avanzar antes del pistoletazo de salida pero es imposible, en Elche la gente tiene el mismo sentido común que en Mallorca, gente que va a caminar durante unas 24 horas se coloca al lado del campeón de España de ultrafondo.

Los primeros kilómetros trotando sigue costando avanzar debido a la dificultad de adelantar a quien ha decidido realizar una marcha y colocarse entre los primeros corredores.

La salida fue un poco desastrosa para nosotros. La verdad es que no estamos tan acostumbrados a carreras tan multitudinarias (1500 personas), y nos pilló muy atrás. El porqué se ponen tan delante personas que solo piensan caminar es ya otro cantar. Así que nos pasamos los dos primeros kilómetros buscando huecos por donde poder adelantar. Y aún nos quedamos en zona media cuando comenzamos el camino al pantano, donde adelantar es complicado.

Por el kilometro 6 nos adentramos en el pantano, donde una vez conseguimos superar a los caminantes nos encontramos a los instagramers, gente que les apetece en el tramo más técnico de la prueba pararse a realizarse un selfie y que el resto de los participantes esperen.

Empieza el primer o penúltimo, como queráis catalogarlo, ascenso y seguimos avanzando hacia el primer avituallamiento. En éste me doy cuenta que la barriga no está muy fina y decido no abusar comiendo, a pesar de que mi vocación por la ultra distancia es debido, única y exclusivamente, a la alta ingesta de calorías sin ningún tipo de remordimientos.

El camino de bajada era bueno, pero siempre fuimos al trote, sin forzar nada los músculos. Abajo, al lado del campo de golf, estaba el primer avituallamiento. No paramos mucho, pero nos dimos cuenta que en general, la gente ni paraba, como si se tratara de una prueba de 20km. Si uno paraba a miccionar, el otro hacía lo propio para aprovechar el momento. Al menos al principio, luego descubrí que la vejiga de mi piña retenía poco líquido y le dejé mear más veces de las acordadas.

Para nuestra suerte encontramos uno de esos avituallamientos no oficiales formado por un grupo de 4 octogenarias quienes ofrecen dulces caseros, ante el rechazo de una corredora que alega “eso engorda”, a lo que ninguno de lo presentes dimos crédito; fuese a ser que al final esta prueba no haya quemado las suficientes calorías.

Km 30, (3h 5’). Íbamos algo más deprisa de lo acordado, pero lo cierto es que no sentíamos que forzáramos nada. Pronto llegaríamos al tercer avituallamiento donde mentalmente llegábamos a la primera parte de la carrera. Allí paramos más tiempo, rellené todo lo que tenía, y comí todo lo que veía. Con una mano agarraba frutos secos y en la otra tenía un sándwich de Nocilla.

Encarábamos la que consideraba la parte más dura, el ida y venida a la playa. Visualmente la veía pesadísima. Son una burrada de kilómetros (casi 35km) en los que se puede decir que no pasa nada, pero que es la clave de toda la carrera.

Tras pasar el tercer avituallamiento los kms pasan y nos adentramos por caminos de casas de campo, en la cual nos damos cuenta que nos hemos colado, así que toca sumar metros extras vaya a ser que no lleguemos a los 100 y no quede bien en el Strava. El viento lateral se hace eco y Santi tira a buen ritmo, yo tras él empiezo a dejar 4 o 5 metros mientras intento no frenar su ritmo dándome cuenta que se hará largo.

De pronto mi compañero de cordada dejo de rajar. Para los que no le conocen puedo asegurar que eso es imposible. O eso pensaba yo, pero de pronto dejó de farfullar. Si conoces bien a tu compañero de cordada, todo es más sencillo. Cuando llegas a una reunión no tienes que hablar, cada uno sabe que tiene que hacer. Yo sabía que tenía que hacer, así que le dejé con su portentosa cabeza y su silencio, esperando que el azote me llegara a mí en algún momento y él tuviera que tomar las riendas. 

Nos adentramos en la zona del Altet y por consiguiente en la zona arenosa por la que transcurrimos un kilómetro. Santi empieza a percatarse que no es mi día y decide caminar sobre la playa aludiendo que no hay que gastar fuerzas.

Llegamos al avituallamiento del Altet, me tomé un riquísimo zumo de granada, seguí comiendo todo lo que veía y me apetecía, y emprendimos el kilómetro de playa donde ¡fíjate que nos hundimos!, nos pusimos a caminar sin prisa hasta que vimos una cámara, evidentemente.

Al final de este tramo paramos en la bolsa de vida para cambiar calcetines y camiseta. Esta parada dura unos 15’ y tras ella las patas a parte de doloridas están rígidas. Que difícil es volver a ponerlas a tono y más con el viento en contra. Mi tostada persiste, hago juegos mentales con la idea de llegar  al km 58 donde solo me quedará una insignificante maratón y después el avituallamiento del 66, que es la estrella.

David seguía callado, yo iba mirando de vez en cuando para comprobar que seguía sobre mis pasos. Y por supuesto, ahí seguía. Poco antes de llegar al avituallamiento clave, nos volvimos a desviar. Esta vez, no había gente por delante, fue un despiste mío en un momento de tirar pa’ delante en un infinito bucle de kilómetros repetitivos. Al muy poco David me avisa del error y volvemos sobre nuestros pasos para llegar al poco al avituallamiento del km 66 (7h 13’). Aquí mentalmente acababa la segunda parte de la carrera.

Sin parar de trotar seguimos avanzado a corredores hasta llegar al avituallamiento más esperado. Cojo dos botes de arroz con leche mezclado con zumo de granada, junto con un puñado de chucherías con la intención de remediar mi pajarón pero sin tener en cuenta que la mezcla podría destrozar mi estómago.

En un avituallamiento fantasma, organizado por la gente de la zona, nos cayó un caldo de pelotas que estaba de muerte. Estábamos ya en medio de la sierra, deseando saborear el café que Ginés nos tenía que llevar al avituallamiento del Pantano cuando le pegué una patada a una piedra y vi las estrellas. Aún quedaban más de 25km e ipso facto supe que me había dejado la uña en la aventura. Notaba como la sangre recorría el calcetín. 

Por el km 80, tras la espera frustrada de que Gines apareciera a vernos con el mejor café de Elche, el cuerpo cambia, se ha pasado el pajarón que solo ha durado unos 40kilometrillos y me veo fuerte para afrontar lo que queda. Santi pronto se percata de mi nuevo estado y se inicia una retaíla de habituales rajadas a nuestro grupo de mierda quienes nos informan por el pinganillo que ya estamos en el top 100.

El camino iba serpenteando sin parar y veías como la antena no terminaba de acercarse. Nos atrevíamos incluso en seguir trotando cuando la pista tiraba para arriba. Y sin darnos cuenta llegamos a las rampas del Castro.

Iniciamos el último ascenso mientras el viento en contra sigue sin abandonarnos y no dejamos de adelantar cadáveres, las sensaciones son buenas y empiezo a planear en mi cabeza el asalto a las sub 11horas 30’.

Llegamos arriba, yo me quedé con ganas reales de tocar la antena, que pa’ algo estábamos arriba. Las vistas, pues sí, bonitas. Km90 y 10h 19’

Y para abajo cresteando, que nos pilla de buenas y lo pasamos bien galopando, pero que a esas alturas de día, pues que nos contentábamos por mantener las piernas sanas y bajar con precaución hasta llegar al último avituallamiento.

La bajada es cautelosa por el cansancio acumulado, y ya planeo con Santi no parar en el último avituallamiento, arrojando el tufillo ultrarunner que tanto nos caracteriza. Una vez en éste nos informan que la meta está a 10km y no a 7 como teníamos calculado.

Seguimos descendiendo rápidamente y tras un desvío por el polígono industrial encaramos la ciudad, pronto nos entran las dudas al no observar ninguna marca. Con mucha más esperanza que lógica seguimos avanzando hasta ver que otro corredor ha dado la vuelta. Por tercera vez, nos hemos vuelto a equivocar.

Nos quedamos un par de minutos analizando la situación los tres, y decidimos desandar hasta la ultima rotonda donde vimos a un policía. Otro kilómetro de más que junto con el tiempo perdido parados nos imposibilitó bajar de las 11:30.

Ahora sí, a escasos 2 km de la meta toca pararnos a ponernos el frontal a pesar de apurar lo máximo.

Entramos en la zona del río. Animo a Santi a apretar y me frena con su voz excusándose en disfrutar los últimos metros al tiempo que acelera su ritmo. “Y ÚLTIMOS 200m y encaramos” me exclama mientras de forma simultánea apretamos y adelantamos a los últimos dos corredores.

Cuando ya quedaban apenas doscientos metros, dimos lo que nos quedaba dentro, subiendo las escaleras que llegan a meta de dos en dos, y disfrutando de la entrada a meta con David, el que por muy callado que estuviera, nunca dudé, es la certeza de tener a tu compañero de cordada en el otro extremo de la cuerda.

Ahora sí, la meta de la TRANSILICITANA!!! Esa carrera que a diferencia de cualquier carrera de montaña no resalta por sus vistas o paisajes sino más bien por su organización y la implicación de su gente en una prueba que no sé muy bien el porqué pero es espectacular lo vivido.

Tras una mala noche con la temperatura corporal desajustada y algo de dolor de patas, el día post- Transilicitana cumplimos el verdadero objetivo por el que decidimos completar la prueba; comer un arroz ilicitano con bogavante.

Agradecimiento especial a la familia Sempere Pascual quienes consiguieron que me encontrase como en casa y que solo me faltara café en el avituallamiento que más lo deseaba.


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Los 100 del castillo – La crónica

por «Uno de los Samuráis»

Rasgó la noche, interrumpiendo su quietud, el tintineo producido por el haidate, que nos cubría los muslos de los enemigos. La orden era, no retroceder y seguir vigilando que la línea enemiga estuviera lo suficientemente lejana del tiro del adversario. Pronto nos pusimos en marcha, el rocío cubría la espesura del bosque y la luz lunar rielaba entre las copas de los árboles. Por delante teníamos que cubrir el perímetro del Castillo de Bellver que el shogunato  consideraba de vital importancia para la región.

Comenzamos agrupados, con la idea de pasar maitines sin sobresaltos, sin perder unidades por el recinto en estas primeras horas de negrura total. Tras una primera vuelta donde el comandante Guirao-San comprobó que su brújula fallaba más que el estómago de Yuanka-San, ambos comandantes tuvieron que dar un toque de atención al resto y explicar el procedimiento de vigilancia. Los cálculos realizados por los comandantes al cargo eran sencillas. Dieciséis vueltas y media al castillo. Cada vuelta de  6km, en torno a los 50 minutos. Cada dos vueltas un receso (que sumado a la vuelta debería llevarnos hasta un máximo de 60 minutos aproximados), para recuperar el resuello e ingerir las bolas de arroz; cada cuatro vueltas, cambio de sentido para vigilar el flanco desde otra perspectiva. Todo esto equivalía a recorrer 100 km de terreno accidentado en unas 15 horas.   

En estas primeras vueltas, los vasallos mostraban un carácter jovial. Mantenían conversaciones con fluidez y los distintos clanes agrupados en el frente, se mantenían unidos y obedientes a los comandantes.

Ya flotaban los primeros haces de luces sobre la alfombra celeste cuando Biel_Bok-San y Manu-San, una vez conocido el recorrido, quedaron en retaguardia para cubrir la posible retirada del enemigo. El resto de clanes se mantenían operativos junto a los comandantes y recibíamos en nuestras filas, a Robles-San tras realizar un pequeño reconocimiento de los aledaños.

Yuanka-San, tras tres perímetros en horas tercias, sufrió un percance de profunda gravedad al abrirse la cabeza con una honda enemiga, y causó la primera baja cuando aún siquiera nos habíamos calentado lo suficiente para comenzar con nuestras mierdas, y Kabot-San aún portaba los guantes de muselina, el do del yoroi, y el pelo lleno de gomina. 

Sería absurdo negar que el resto de clanes presentes manifestaron con jolgorio cien o trescientas rajadas referentes a esta baja, y que aún perduraban en el ambiente cuando aparecieron refuerzos en lontananza bien entrabamos en el primer cuarto consumido y tres horas de aventura. Soler-San el lacayo de confianza de los Konstantini-Briguglio, fue el encargado de sacar a ambos del futón, no sin recibir por parte de su amo, diversos vituperios por esas “tempranas” horas cercanas al Ángelus. Encargados de cerrar filas, también llegaron los dos miembros del Clan Gorreto (Lucía y Mark) con un can de poderosa mandíbula que atemorizó a nuestros enemigos, y la siempre combativa samurái Rakel-San del clan Martínez.

Soler-San recogía con procesado cuidado, toda la información de la actividad, para guardarlos en los archivos de la historia. Las vueltas iban saliendo según lo previsto, manteniendo un ritmo de paso cómodo y sostenido. Konstantini-San empezó a participar de nuestras mierdas mientras Robles-San se asustaba de que tantas rajadas no rompieran la armonía grupal; cuando no sabe que es la argamasa que nos une. Por supuesto, el mayor rajador, como siempre, era el excomedor de dulce de leche, nuestro extranjero albanokosovar Briguglio-San, que con solo 16 horas de futón estaba profundamente alterado.   

Montes-San, famoso samurái especialista en el arte de cabalgar sin moverse del sitio cual ratón en su rueda infinita, permanecía paso a paso desde maitines con la grupa, sorprendiendo su capacidad de adaptación al medio hostil.

Parte de las nuevas incorporaciones tomaron posiciones traseras y fueron descolgándose para cubrir más el campo de vigilancia. Entre rajada y rajada, los comandantes tuvieron que llamar al orden en un par de ocasiones a SantxezGarrido-San y a Kabot-San por adelantar las posiciones más de lo acordado. Kabot-San, siempre en primera línea marcando el ritmo, mostraba a continuación el descaro de reprochar la velocidad de la contienda al terminar cada perímetro por debajo de 45’.

A estas alturas de misión, tras más de cuatro horas y media y casi 37km, algunos miembros ya no se mostraban tan eufóricos. Montes-San ya tenía cara de gintonic y SantxezGarrido-San, después de inflar el pecho (cual si estuviera por sus dominios de Génova) tras la visita de unos clanes amigos con los que cordializó durante unos kilómetros, empezó a desinflar el pecho, y por mucho que rechinara y quisiera galopar al escuchar los murmullos en su contra, el comandante Ubeda-San sacó su libreta y apuntó una tostada más. Konstantini-San, que veía las barbas del vecino mojadas, tomó entonces la determinación de ocupar filas delanteras preocupada por que los comandantes no anotaran algo en su contra con un kanji demoledor.

Huelga decir que bastó hablar de las medallas que el Shogunato de Garmin repartiría tras finalizar la campaña cuando tanto Montes-San, como SantxezGarrido-San revivieron lo suficiente para conseguir dichos méritos. Tras 5h 13min llevábamos en las piernas una maratón, más que suficiente para que Montes-San nos dejara a nuestra suerte y se fuera a por su té con tónica, más que merecido.

No tardaron en aparecer por la zona las concubinas de los comandantes, cuya prole, campeaba por los terrenos ajemos al peligro del enemigo. Por nuestra parte, seguíamos manteniendo una vigilancia estrecha al castillo, con un ritmo constante, aunque Briguglio-San mostraba su disconformidad con el decaimiento del nivel de rajadas. Tras la marcha de Montes-San, la grupa dio una vuelta donde los peligros hallados, propiciaron las bajas de Soler-San y Konstantini-San tras tres perímetros a nuestro lado. SatxezGarrido-San, también malherido, se arrastró durante un kilómetro más en solitario para alcanzar la cifra de 50km y que el Shogunato de Garmin le premiara con su primera insignia de este tipo. Mientras, el resto, descansaba un par de minutos recuperando energía y Briguglio-San volvía al futón para dormir unas horas más.  

Ya en horas sextas, con una merma importante de clanes a nuestro lado pero con las ilusión intacta, volvimos a ponernos en marcha con la intención de realizar dos vueltas más antes de hacer un reposo más largo donde comer con tranquilidad. Llevábamos 61km y 7h 30min de aventura cuando paramos a tomar con calma arroz, sopa de miso y fruta. Robles-San decidió poner punto y final a la vigilancia del castillo, y siguiendo la estela de SantxezGarrido-San, continuó en solitario un poco más en busca de su insignia de 50k (aunque matizaremos que el Shogunato de Strava no lo vio con buenos ojos).

Por otra parte, Kabot-San, aún con gomina en el cabello y las botas más limpias que la escudilla donde comió, a la deriva, sacaba una silla de playa, y ni corto ni perezoso, se quitó el yoroi de guerra para vestirse de fiesta mientras manifestaba que hastaloscojonesestabadetodo. Como buen lugarteniente permaneció en la carpa por si los comandantes necesitábamos de sus servicios. Pero la silla… nunca nos la ofreció.

Manu-San, fiel escudero de Biel_Bok-San, también dejaba la vigilancia tras un gran servicio de 56km. A partir de entonces, Biel_Bok-San, defendería solo la retaguardia. Demostrando a cada vuelta una capacidad de sufrimiento de admirar.

Tras 36 minutos de sustento y descanso, con kimonos limpios y untados de nuevo con grasa de ballena, los dos comandantes, en un mano a mano,  continuaron la misión encomendada, y las rajadas siguieron silbando cual flechas enemigas. Aún nos dieron para tres vueltas completas (80km) antes de encender los faroles. Ya nos quedaba menos de un “Sábado Loco” y el ritmo seguía sorprendentemente constante desde las primeras vueltas. Y las micciones también, signo de que estábamos llevando una buena hidratación. Ya dolían un poco las piernas, pero seguíamos trotando por inercia viendo cercano el final del camino. Biel_Bok-San, continuaba con su aventura ya también con el final en la mente y con un semblante más entero.

Hasta allí se acercó el patriarca del clan Guirao para darnos los ánimos con los últimos rayos de sol y aunque Kabot-San manifestara que había recorrido 4 km para que el patriarca nos encontrara, debemos constatar, y el secretario certificar, que no era más que un mísero kilómetro. Que si algo sirve dar tropecientas vueltas a un reciento, es al menos, para saber de memoria la distancia que hay en cada tramo del recorrido.

Menos de 11h 30min, 86km, y comenzábamos lo que sería nuestro último giro completo de 4 vueltas. La concubina del comandante Ubeda-San se acercó de nuevo, con la intención de obtener un poco más atención del samurái del que por la mañana mostró. Cuando nos quedaban poco más de 10km, un deteriorado farol en la lejanía, rompió la quietud del lugar. Briguglio-San regresaba después de otra siesta para pasar las horas de vísperas con nosotros y animar a los desvencijados samuráis. Pero se encontró a dos samuráis fuertes como una roca, con sus rajadas habituales pegadas en los labios y con faroles que funcionaban de maravilla.  

Cuando llegábamos a la zona de carpa, allí estaban Soler-San y kijano-San para darnos aliento en la última parte. Una vuelta más, solo nos quedaba un giro y medio más. Kabot-San decidió salir de la deriva y unirse en estos últimos kilómetros que pasaron en un suspiro. Para vernos llegar, también se unieron el Clan SantxezGarrido.

Tras 13 horas de experiencia llegamos a los 100km, +2000m. Con la misión completada, nos fundimos en abrazos. El castillo estaba a salvo del enemigo, pero aún así, Biel_Bok-San permaneció un tiempo más por si una parte del enemigo volvía sobre sus pasos. Cuando Biel_bok-San completó los 100km, la vigilancia se dio por terminada.

Era imposible. Pero la unión de todos los clanes fue determinante en la lucha. Y gracias a todos ellos el Shogunato de Bellver podrá dormir tranquilo.


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Doble Travessa

por «algún loc@ del club«

A estas alturas de la película, intentar explicar ciertas locuras ideadas por los miembros de este club, nos parece harto complicado, además de innecesario. Podríamos decir, usar, esa mítica frase de George Mallory que en 1924 contestó ante la insistente pregunta de por qué escalar el Everest:

¡Porque está ahí!

Inane. Suficiente.

E imagino que no tendríamos una contestación muy alejada de la de Mallory para plantear este gigantesco reto que no es otro que recorrer la Sierra de la Tramuntana de Pollença a Andratx y volver a Pollença. Ida y vuelta por el paraje más impresionante de nuestra isla que llevaremos a cabo capitaneados por una fémina a la que intentaremos ayudar acompañándola por tramos en esta ardua caminata. Un reto que no ha completado ninguna mujer hasta la fecha y que pondrá a prueba la resistencia física y mental de esta super atleta.

220 km y 8600 metros de desnivel positivo que empezarán el día 1 de diciembre en Pollença y acabarán en esta misma localidad, si todo va bien, el sábado a lo largo de la tarde/noche.

Soñar es gratuito y te llena de felicidad. Y el sueño de ella y de todos aquellos que la conocemos es que este reto se convierta en realidad. Para llevarlo a cabo, miembros del club y de su círculo cercano estaremos acompañándola durante esta travesía, apoyándola durante las horas y kilómetros necesarios para darle el aliento que necesite. Necesita de manos para organizar pequeños avituallamientos e intentaremos apoyarla en lograr tal hazaña.

Como siempre, en nuestro ADN está dar visibilidad a la Asociación Yes with cancer y si con estos retos podemos además conseguir mediante aportaciones voluntarias la continuidad de los proyectos de la Asociación, más contentos y motivados estamos. Para ello os dejamos el número de cuenta de la Asociación Yes with cáncer (ES60 0049 525031 2916361640), donde podréis hacer estas donaciones voluntarias mientras recorremos por dos veces nuestra amada Sierra de la Tramuntana.

¿Nos acompañas?


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Los 100 del castillo

por «Los Samuráis»

Un grupo de samuráis de este club, tiene la misión de salvaguardar el Castillo del
shogunato de Bellver el domingo 26 de noviembre. La misión encomendada es vigilar el
bosque de la fortaleza y hacer de centinelas en un perímetro de aproximadamente 6km
durante un tiempo de 15h; tiempo en el que nuestros samuráis darán un total de 17
vueltas al Castillo del Shogunato de Bellver, sumando un total de 100km.

Las guardias de vigilancia se iniciarán a las 6:00 a.m. y finalizaran a las 21:00 horas. La
garita de cambio de guardia y donde nuestros atrevidos samuráis podrán reponerse con
sake y distintas viandas será por el acceso de Sa Teulera, donde habrá instalada una
carpa.
El objetivo principal será dar visibilidad a la asociación que nos tiñe de rosa, con la
opción de realizar una aportación voluntaria para dar continuidad a los proyectos que
tiene en marcha, o bien mediante ingreso en cuenta de la asociación YES WITH
CÁNCER (ES60 0049 525031 2916361640), o el mismo día del reto en una urna
habilitada.

¿Nos acompañas en esta aventura misteriosa?¿Eres capaz de proteger nuestra
fortaleza de los advenedizos adversarios?¿Cuánto crees que eres capaz de aguantar
en la oscura noche?¿2 vueltas, cinco, diez? La distancia, la hora y el ritmo lo marcas tú.
Coge tú armadura y demuestra tu valía.


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Mallorca 5000 Skyrunning 2023

Por Biel

“ Fᴀɴɢ ᴇᴘɪᴄ ᴇᴅɪᴛɪᴏɴ” ?⛰️?

↔️ 67k

⏱️ 15:07’:50”

?4400+

Empezaré con la mini crónica, felicitando a @amer_mallorca5000sky y a los voluntarios, por la labor de limpieza de todo el trayecto de la carrera, se lo han currado muchísimo! Así que mi más sincera ENHORABUENA!??

3ª participación consecutiva y siendo finisher, después de una semana un tanto complicada de salud, llegar a meta con este día fangoso tan épico que hizo, para mí ya es lo más de lo más.

El 1º tramo en unas 3h, tranquilo pero sin pausa, la carrera es muy larga y viendo cómo estaba el terreno, que pisábamos todo el rato el barro que dejaban los demás corredores encima de las piedras, era muy fácil resbalar y pegarte un leñazo, así que llegamos a Cúber donde estaba el 1º avituallamiento y empezábamos la segunda parte.

El 2º tramo, ¾ de lo mismo, con cabeza y controlando el ritmo, ya que en todo el año no pude entrenar correr y se me hacía raro poder trotar, cosa que hice bastante, sorprendentemente el pie no me dolió nada de nada.

Cima en el Massanella en unas 7h de carrera y ale, hacia el Coll de sa Bataia a comer un buen plato de arroz! Pero 1º venía la subida hasta el Coll d’es Prat y la bajada de ses Voltes d’es Galileu, que me fue genial! Ya en Sa Batalla el arroz o pasta se había terminado, así que comi un poco de fruta y listos, seguimos!

3º tramo, mae mia… podría escribir un libro de estos 20k, ses figueroles… aucanella, morisión absoluta, la subida al Tomir realmente me fue muy bien! Me encontraba con fuerzas dentro de lo que cabía, y bajando el Tomir, después d’es coll d’es Puig de ca… ahí empezó la carrera mental, ya que me metí un leñazo monumental, partí un bastón i mi rodilla y tibia estaban a otra cosa mariposa… tiré de #pesmeuscoionsquearrib e hice RP en la bajada hasta meta, el calvari lo bajé volando en 2’,aún lo flipo!

La entrada a meta, ya les gustaría a muchas carreras UTMB tener esta llegada, buffff “gallina de piel”! indescriptible el momento, las sensaciones, una mezcla de alegría y llorera. Aunque lo mejor, es compartir kms y charlas con amigos y compañeros, de lo mejor de este tipo de carreras, la buena compañía…


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